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Agosto 1, 2020

INDUSTRIA 4.0: ¿QUÉ ES Y CÓMO ESTÁ IMPACTANDO EN LA ARGENTINA?

Breve reseña histórica

El término Industria 4.0 nace en Alemania, en el año 2011, en una de las ferias industriales más importantes del mundo: la Feria de Hannover. Allí, un grupo de especialistas presentó un plan para mejorar la productividad de la industria manufacturera, introduciendo por primera vez el concepto 4.0.

Desde ese entonces, comenzó a asociarse los distintos momentos de la industria con las respectivas revoluciones industriales.

 

Fuente: Albrieu, Basco, Brest López, De Azevedo, Peirano, Rapetti y Vienni (2019)

¿Qué son la Industria 4.0 y la Cuarta Revolución Industrial (4RI)?

La Industria 4.0 implica la informatización de la fabricación y la transformación digital de la empresa. A través de la incorporación y el uso intensivo de tecnologías, se busca optimizar los procesos productivos, tomar mejores decisiones y transformar a la firma en una “fábrica inteligente”.

La 4RI se construye sobre la base de la revolución digital (3RI) y se caracteriza por la interacción de diversas tecnologías, que a medida que transcurre el tiempo se vuelven cada vez más sofisticadas e integradas (Schwab, 2016).

Entre las características que distinguen a la 4RI de sus predecesoras, Klaus Schwab (2016) nombra las siguientes tres:

 

  • Velocidad: mientras que las revoluciones anteriores se desarrollaron a un ritmo lineal, la 4RI tiene un crecimiento exponencial.

 

  • Amplitud y profundidad: al erguirse sobre la revolución digital y combinar múltiples tecnologías, la 4RI está transformando la realidad tal cual se la conoce, borrando los límites entre lo físico, lo virtual y lo biológico. En otras palabras, la revolución en curso implica un cambio de paradigma sin precedentes para la sociedad, con múltiples consecuencias y en áreas muy diversas.

 

  • Impacto en los sistemas: la Industria 4.0 está transformando sistemas enteros, entre y dentro los distintos países, compañías e industrias.

 

¿Qué tecnologías forman parte de la Industria 4.0?

Si bien la Industria 4.0 hace uso de un abanico muy amplio de tecnologías, Basco, Beliz, Coatz y Garnero (2018) nombran diez pilares tecnológicos de la 4RI.

Fuente: elaboración propia en base a Basco et al. (2018)

A continuación, se incluirá una breve descripción de cuatro de ellos:

 

  • Internet de las cosas: a través de sensores e interfaces de programación, el IoT (por sus siglas en inglés) permite la interconexión de distintos dispositivos informáticos. De esta manera, se puede lograr una comunicación multidireccional entre máquinas, personas y productos.

 

  • Inteligencia Artificial (IA): basada en el desarrollo de algoritmos, la IA permite el procesamiento de una gran cantidad de datos a una velocidad antes impensada. Además, los algoritmos adquieren un aprendizaje automático: se nutren de experiencias y datos del pasado para luego perfeccionarse.

 

  • 3D: hace referencia a lo que se conoce como manufactura aditiva. Ésta, toma como referencia un diseño virtual, para luego fabricar distintas piezas sin la necesidad de contar con un molde previo.

 

  • Big data: son datos que se caracterizan por su inmenso volumen, su increíble velocidad (a la que se generan, acceden, procesan y analizan) y su variedad (pueden originarse en distintas fuentes). Gracias al uso de algoritmos, esta valiosa información puede ser analizada en tiempo real, lo que resulta sumamente útil para la toma de decisiones.

 

Mercado laboral en la 4RI: cambios en la demanda de trabajo, automatizaciones y creación de nuevos empleos

Desde el comienzo de la 4RI, distintos especialistas comenzaron a estudiar cuál es (y será) el impacto de la revolución sobre el mercado laboral, dada la creciente incorporación de tecnología. Particularmente, el foco se ha puesto en: identificar las nuevas habilidades que son y serán demandadas por los empleadores; intentar cuantificar el saldo neto de puestos de trabajo que resultará de la 4RI.

Con respecto al cambio en la demanda laboral, ya pueden vislumbrarse dos características principales, que probablemente se agudicen en el futuro:

 

  • Una mayor demanda de habilidades cognitivas (razonamiento, resolución de problemas, planificación, etc.) así como de habilidades blandas.

 

  • Un importante aumento en el requerimiento de competencias digitales, que pueden ir desde el desarrollo de sistemas y la programación, hasta el análisis de grandes datos o el manejo de redes sociales con un fin comercial.

 

Mientras que, con respecto al segundo punto, el debate ha sido bastante amplio y no existe consenso en cuanto a si aumentará o no el empleo durante la 4RI.

Por un lado, dado el crecimiento vertiginoso de la tecnología, resulta sumamente complejo pronosticar cuántos trabajos podrían llegar a automatizarse. A su vez, la dificultad también reside en el hecho de que los trabajos se componen de una gran variedad de actividades y, por lo tanto, dentro de cada profesión conviven tareas potencialmente automatizables con otras que no lo son.

En este sentido, Manyika, Lund, Chui, Bughin, Woetzel, Batra, Ko y Sanghvi (2017) realizaron un interesante estudio a nivel mundial, llegando a las siguientes conclusiones:

 

  • El 50% de las actividades pueden ser (teóricamente) automatizadas.

 

  • En el 60% de las ocupaciones, al menos 1 de cada 3 tareas pueden automatizarse.

 

  • Solo el 5% de los trabajos consisten en actividades que puedan automatizarse completamente.

 

Además, Manyika et al. (2017) aclaran algo muy importante: si bien las capacidades tecnológicas son una pieza fundamental en este proceso, no son el único factor que debe considerarse. Teniéndose en cuenta otros elementos (la dinámica del mercado laboral, las regulaciones, los costos de implementar tales tecnologías, etc.) los números cambian: para 2030, les autores estiman que la cantidad de horas de trabajo que podrían llegar a automatizarse oscila entre 0% y 30%, dependiendo de la velocidad de adopción tecnológica.

 

Fuente: Manyika et al. (2017)

Por otro lado, intentar vislumbrar cuántos puestos de trabajo se crearán en los próximos años, resulta aún más complicado; de hecho, muchas de las ocupaciones del futuro hoy en día ni siquiera existen.

De todas formas, este mismo análisis concluye que la creación de empleos podría superar a la automatización, siempre y cuando las economías crezcan, innoven e inviertan lo suficiente. Particularmente, les autores hacen hincapié en seis motivos que podrían impulsar el incremento (detallados en el gráfico).

 

                        Fuente: elaboración propia en base a Manyika et al. (2017)

Industria 4.0 en la Argentina

En las secciones anteriores se hizo un breve recorrido sobre los temas que involucran a la 4RI y la Industria 4.0, repasando su definición, sus pilares tecnológicos y su impacto en el mercado laboral. Teniendo estos conceptos en mente, es hora de analizar la situación de la Argentina.

Con este objetivo, resulta sumamente útil el trabajo elaborado por Albrieu et al. (2019) el año pasado. Éste, se basa en una encuesta hecha en 2018 a 307 empresas de seis sectores distintos, a quienes se les preguntó sobre la adopción de tecnologías 4.0 (actual y futura) en cinco áreas funcionales de la firma.

Las conclusiones a las que llegaron no resultan muy alentadoras:

 

  • El grado de difusión de tecnologías 4.0 es muy bajo: menos del 10% contaba con tecnología de cuarta generación en al menos una de las áreas funcionales; solo 9 firmas poseían estas tecnologías en dos o tres de las áreas; y ninguna de las encuestadas en más de tres.

 

  • Aproximadamente el 80% de las empresas utilizaba solamente tecnologías de primera (40%) y segunda generación (40%).

 

  • Si bien las tecnologías 3.0 y 4.0 no serán predominantes dentro de 10 años, las respuestas de las firmas dan a entender que alrededor del 44% las utilizará, cuando en 2018 ese porcentaje era de 14%.

 

  • Más del 60% de las empresas dijo no estar tomando ninguna acción dirigida a la incorporación de nuevas tecnologías; solo 5% estaba tomando medidas; y el 25% pensando en qué decisiones tomará para mejorar su estado actual.

 

Además, no debe pasarse por alto otro dato muy interesante del trabajo, sobre uno de los temas que se comentó previamente en el artículo: ¿qué impacto tuvo la automatización en el mercado laboral argentino? A contraposición de lo que puede creerse, hasta el momento fueron más las empresas que aumentaron su dotación de personal a raíz de la automatización (22%) que las que la disminuyeron (19%).

De todas maneras, vale aclarar dos cosas: en primer lugar que, como ya se ha mencionado, el nivel de adopción de tecnologías 3.0 y 4.0 es muy bajo, por lo que el 57% de las encuestadas afirmó que la automatización no tuvo impacto alguno en su dotación de personal; en segundo lugar, que para los próximos cinco años la tendencia cambiaría, ya que el 33% de las firmas espera una reducción en su plantilla, mientras que solo 18% asume que ésta crecerá.

Por último, parecería existir una correlación positiva entre el grado de difusión de las tecnologías 4.0 y la capacidad de las empresas para exportar. Albrieu et al. (2019), quienes dividen en tres grupos a las empresas encuestadas dependiendo su estado tecnológico, exponen los siguientes números: el 61% de las firmas que pertenecen al conjunto de mayor avance tecnológico son exportadoras, mientras que este porcentaje disminuye a 45% para el segundo conjunto y 23% para el más rezagado.

A una conclusión similar llegaron Basco, De Azevedo, Harraca y Kersner (2020), quienes dan cuenta de la importante difusión de tecnologías de cuarta generación en empresas exportadoras de la Argentina, Chile, Brasil, México y Colombia.

Fuente: Basco et al. (2020)

Conclusiones

La 4RI está avanzando a un ritmo vertiginoso, transformando no solo la manera en la que el planeta produce, sino también muchos aspectos de la vida cotidiana que exceden lo meramente económico.

Como toda Revolución Industrial, existirán ganadores y perdedores, lo que representa un importante desafío para las naciones. En particular, el desafío es y será mayor para las economías emergentes (como la Argentina), que comienzan este largo camino varios casilleros detrás, sabiendo que, en caso de no poder subirse al “tren 4.0”, perderán una oportunidad histórica.

Ahora bien, si el desarrollo de la Industria 4.0 queda a merced de las decisiones de mercado, probablemente se profundice la concentración económica y se llegue a un escenario donde convivan grandes empresas exportadoras que utilizan tecnología de punta, con micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs) rezagadas tecnológicamente, con productividades muy disímiles.

Este escenario puede ser particularmente preocupante para la Argentina, un país donde las MiPyMEs tienen un peso muy importante en el entramado industrial, dado que emplean a la mayoría de la población y poseen un ­know-how (“saber hacer”) esencial para el sector productivo.

Por este motivo, es fundamental que el Sector Público tome las riendas y elabore políticas públicas relacionadas al desarrollo de la Industria 4.0.

En primer lugar, es necesario que se lleve adelante una importante capacitación en nuevas tecnologías y habilidades blandas para todos los actores de la sociedad: desde quienes participan actualmente en el mercado laboral (trabajadores y empresariado), hasta los jóvenes, que serán quienes aprovechen (o no) los mayores frutos de la 4RI (ver en Paula Garnero (2020) las distintas políticas e iniciativas que existen actualmente sobre la formación de habilidades 4.0, tanto privadas como públicas).

En segundo lugar, es muy importante que se ayude e incentive el desarrollo y la adopción de tecnologías 4.0, fundamentales para dinamizar el sector industrial argentino.

En este punto, el Sector Público debería considerar las distintas necesidades de los actores y llevar adelante un amplio abanico de medidas, incluyendo: inversión en infraestructura para garantizar la conectividad; incentivos fiscales / exenciones tributarias, particularmente para las MiPyMEs (ver, por ejemplo, el Programa Soluciona o el tratamiento de la nueva ley de Economía del Conocimiento, que mantiene algunas características del Régimen de Promoción de la Economía del Conocimiento e incluye mayores beneficios para MiPyMEs); mejores condiciones de financiamiento; elaboración de regulaciones antimonopólicas; entre otras.

En resumen, la revolución en curso representa una oportunidad y un desafío histórico. Ojalá el país logre transitarla de manera exitosa e incorpore herramientas que le permitan alcanzar el tan anhelado crecimiento sostenido. Para esto, será necesaria una importante coordinación entre el sector público y privado, con el objetivo en conjunto de dinamizar al sector industrial argentino.