Close

Enero 24, 2020

Farmhouse: ¿Qué sucede cuando la arquitectura y la agricultura se encuentran?

En un contexto donde la naturaleza ha sido castigada luego de sucesivos incidentes ecológicos, la arquitectura está propiciando un debate que puede enriquecer la forma en la que concebimos el urbanismo, y comenzar a pensar una forma de edificar que contemple los beneficios de incorporar nuevas prácticas con perspectiva ecológica. Uno de estos conceptos es sin duda el farmhouse, una técnica que permite cultivar alimentos en torres residenciales, para comer o compartir en comunidad, que  es utilizada en las grandes ciudades del mundo. Por caso, Brooklyn cuenta con un hipermercado que aloja en su terraza una enorme plantación gestionada por la empresa Gotham Greens, la cual cuenta ya con 8 centros en diferentes ciudades de Estados Unidos. La frescura de los productos está dada por la inmediatez entre su cultivo y su venta, hecho que no sólo mejora las experiencias alimentarias, sino que impacta favorablemente en la industria, bajando los costos de transporte y reduciendo en consecuencia las emisiones de CO2. 

La implementación de la técnica está pensada en construcción modular, donde los usuarios que adquieren dichas estructuras pueden ensamblarlas. 

Si bien las inversiones que demandan dichos módulos no son cifras exageradas, existen distintos incentivos que parten de los propios gobiernos para alentar el uso de jardines verticales. Buenos Aires y Rosario, son dos casos locales donde se incentiva el uso de dicha técnica. En paralelo existe variada oferta en materia de capacitación y formación en esta tecnología, por ejemplo el taller de huerta gratuito “Manos a la Tierra”, del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, tiene el objetivo de brindar conocimientos y experiencia práctica sobre agricultura urbana para que los participantes puedan armar una huerta y cultivar sus propios alimentos en patios, terrazas o balcones, apelando a la promoción y difusión de prácticas saludables.

Algunos de sus objetivos, son:

  • Promover nuevas formas de consumo y producción de alimentos que generen menor impacto en el ambiente.
  • Contribuir en la gestión sostenible de los recursos naturales aplicando métodos orgánicos y locales de producción de alimentos.
  • Contribuir en la gestión de los residuos sólidos urbanos aplicando el compostaje de la fracción orgánica en origen.
  • Otorgar una herramienta clave para anclar nuestra cultura urbana, fomentando el cultivo de variedades locales, permitiendo que su desarrollo colabore como un instrumento de rehabilitación urbana ecológica.

En el caso de Rosario, el propio gobierno municipal se pone como objetivo de esta política la articulación en conjunto de diferentes sectores de la sociedad: civil, público y privado. De esta manera, las tareas y responsabilidades se ejecutan mediante convenios con el Programa Prohuerta INTA, el Centro de Estudios de Producciones Agroecológicas (CEPAR) y el trabajo desinteresado de vecinos de la ciudad bajo la modalidad de Voluntariado Social. Esto nos lleva a pensar en la potencialidad de los beneficios de incorporar el farmhouse, no como practica individual, sino como dinámica colectiva, y su impacto de forma directa en la cohesión social.

 

Fuente Clarín.com