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Mayo 30, 2020

DIAGNÓSTICO DEL MERCADO LABORAL ARGENTINO EN TIEMPOS DE COVID-19

  Por Manuel Cerdan (Economista UBA)

En el artículo anterior se analizaron algunas de las consecuencias económicas que provocó (y continuará provocando) la rápida propagación del COVID-19 a lo largo del planeta, detallando en particular la situación latinoamericana.

En esta ocasión, el foco se pondrá en el impacto que tiene la pandemia y el confinamiento obligatorio sobre el mercado laboral argentino.

Situación previa al coronavirus

Antes de comenzar a describir el escenario actual, resulta importante conocer cómo era la situación antes de que estalle la recesión global. Durante los últimos años en la Argentina, ¿hubo crecimiento del empleo? ¿qué puestos de trabajo se destruyeron/crearon? ¿cómo evolucionaron los ingresos de les trabajadores? Para responder estos interrogantes, se exhibirán a continuación algunos datos que dan cuenta del contexto pre-COVID.

En el siguiente gráfico se detalla la evolución de les trabajadores registrados en el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), desde enero 2016 hasta febrero 2020. Como puede evidenciarse, a partir de diciembre 2017 se manifiesta una importante destrucción de puestos de trabajo, los cuales pasan de 12.387.262 en ese entonces a 12.091.224 a principios del año corriente (un descenso de casi 300 mil).

Fuente: elaboración propia en base a Situación y Evolución del Trabajo Registrado (Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social)

Ahora bien, al desagregar estos datos se observa una particularidad: mientras que durante los últimos cuatro años hubo una clara disminución de asalariados privados, no sucedió lo mismo con, por ejemplo, los asalariados de casas particulares o monotributistas (en amarillo y naranja, respectivamente).

 

Fuente: elaboración propia en base a Situación y Evolución del Trabajo Registrado (Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social)

Primera conclusión: el mercado laboral sufrió una importante reducción de puestos de trabajo estables y por lo general mejor remunerados (asalariados privados), al tiempo que se incrementaron aquellas modalidades ocupacionales con menor estabilidad y de ingresos más bajos.

 

¿Qué sucedió con la evolución de los salarios? Lamentablemente, aquí tampoco se encuentran buenas noticias. Como se alcanza a advertir en siguiente gráfico, en gran parte de los meses bajo análisis los aumentos salariales corrieron por detrás de la inflación (en particular a partir de septiembre 2017), lo que manifiesta una importante pérdida de poder adquisitivo de la población. ¿Qué significa esto? Básicamente que, hoy en día, se pueden comprar menos bienes y servicios de los que podían en enero 2017.

Fuente: elaboración propia en base a Índice de salarios e Índice de Precios al Consumidor(Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC))

Por último, antes de pasar a analizar el contexto actual, es también importante conocer cómo se distribuye la mano de obra en la Argentina. Los últimos datos disponibles (cuarto trimestre de 2019) aportan otro motivo por el cual preocuparse: aproximadamente el 39% de les trabajadores son informales (más de 8 millones de personas).

Fuente: elaboración propia en base a Cuenta de generación del ingreso e insumo de mano de obra (INDEC) y Situación y Evolución del Trabajo Registrado (Ministerio de Trabajo, Empleo y Seg. Soc)

En resumen, la pandemia encuentra al país en un escenario de suma fragilidad, luego de años de destrucción de puestos de trabajo estables, crecimiento de la precarización y disminución del salario real. Esto, se suma a un problema histórico de informalidad laboral, agravado también en el contexto recesivo de los últimos años.

 

Principales sectores afectados por la pandemia y el aislamiento obligatorio

Como es de público conocimiento, el Gobierno Nacional decretó el día 20 de marzo el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO). Dependiendo la situación de cada rincón del país, la cuarentena atraviesa una fase distinta, lo que implica un menor o mayor relajamiento de las restricciones; y, en consecuencia, un menor o mayor movimiento de la actividad económica.

Ahora bien, ¿qué sectores se ven particularmente afectados por la pandemia? Para responder esta pregunta, se puede remitir al siguiente trabajo realizado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT). En éste, se detalla que las actividades donde se sufrirá una contracción más fuerte son aquellas intensivas en mano de obra, fundamentalmente: turismo, comercio, industria manufacturera, actividades inmobiliarias y administrativas.

A su vez, el mismo informe da cuenta de que otros factores van a incidir en la magnitud del impacto. La estructura productiva específica de cada país, así como la composición del empleo por sector o el grado de informalidad de la economía, jugarán también un papel importante.

A modo de ejemplo, la CEPAL y la OIT explican que las consecuencias en el mercado laboral podrían no ser las mismas en un país que concentra una gran proporción de su mano de obra en zonas rurales, que para otro donde ésta se halla en mayor medida en áreas urbanas, ya que en el primer caso se esperaría un menor riesgo de contagio que en el segundo.

En este sentido, la Argentina no se encontraría en una situación ventajosa. Los datos del último Censo Nacional realizado en el año 2010 dan cuenta del alto número de argentinos y argentinas que viven en ciudades: casi 9 de cada 10 habitan en áreas urbanas. A su vez, casi la mitad del país (46,15%) vive en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y la Provincia, siendo la concentración aun mayor en CABA y los 24 Partidos del Gran Buenos Aires (GBA). Si se observa la densidad hab./km2: en CABA y los 24 Partidos del GBA habitan 14.450 y 2.694 habitantes por km2 (respectivamente), mientras que en el resto del país este número es de tan solo 12,5 (en promedio).

Como cabe esperar, esta concentración también se observa en la Población Económicamente Activa (PEA). Los datos para el 4° trimestre de 2019 muestran que el 56% de la PEA reside en el Gran Buenos Aires.

A partir del establecimiento de la cuarentena obligatoria y la distinción entre sectores que son considerados esenciales y otros que no, la paralización económica es más o menos aguda dependiendo la actividad.

La primer pregunta que entonces puede surgir es: ¿a cuántos trabajadores alcanzan las medidas de aislamiento? En base al listado oficial de excepciones y les trabajadores que viven en los 31 aglomerados urbanos que cubre la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) estima que alrededor del 65% de la población urbana se ve imposibilitada de trabajar (este número disminuye a 57% si se liberaran completamente las restricciones en los centros urbanos donde habitan menos de 500 mil personas).

Además, a partir de ese porcentaje, el informe trata de identificar qué grupos socioeconómicos se ven aún más impactados. Las conclusiones son alarmantes:

• El 40% de les trabajadores exceptuados se encuentran dentro de los tres deciles más altos en términos de ingresos (solo el 16% de estos grupos no está exceptuado).

• Mientras que casi el 50% de los exceptuados están inscriptos en la seguridad social, este porcentaje disminuye al 20% – 25% para los no exceptuados.

En otras palabras, quienes se ven en mayor medida afectados por la pandemia y el aislamiento obligatorio, son aquellos sectores de menores ingresos y mayor inestabilidad laboral.

Además de la distinción entre exceptuados y no exceptuados, podrían analizarse qué ramas de la economía están sufriendo mayores perturbaciones. Si bien este interrogante fue ya respondido de manera parcial al mencionar el trabajo elaborado en conjunto por la CEPAL y la OIT, éste también aclaraba que la estructura económica de cada país jugaría su papel.

En este sentido, la OIT elaboró un informe donde, en base opiniones de expertos, investigaciones recientes y medidas gubernamentales, clasifica en tres grupos distintos a todas las ramas de actividad: sectores menos afectados, sectores mixtos y sectores más afectados.

Las conclusiones son similares al análisis de CIPPEC: el 28% de los empleos se encuentra en el primer grupo, el 36% en el segundo y el 35% en el tercero. Esto quiere decir que, si sumamos a les trabajadores de los sectores mixtos y más afectados de la Argentina, más del 70% se ve sumamente damnificado por la recesión.

Además, la OIT alerta sobre el peso que tienen las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs) en la creación de empleos en el país. Según sus estimaciones, solo el 26% de la población ocupada trabaja en empresas de más de 40 empleados, mientras que el resto es cuentapropista o trabaja en empresas pequeñas. Éstas, no cuentan con “espalda” como para sobrevivir durante tanto tiempo sin el normal desenvolvimiento de la economía.

¿Cómo deben accionar los Gobiernos ante este panorama desolador?

Existe un importante consenso a nivel internacional sobre el papel que debe tomar el Estado y qué políticas públicas deben llevarse adelante. Obviamente, éstas dependerán de las particularidades de cada país, así como de su situación económica.

El ya mencionado informe de la CEPAL y OIT reagrupa a las acciones que se fueron tomando a nivel internacional en tres áreas: protección de les trabajadores en su lugar de trabajo; políticas de apoyo al empleo y mantenimiento de los ingresos; fomento de la actividad económica y la demanda de mano de obra.

¿Qué ha hecho el Gobierno Nacional en este sentido? Si bien fueron muchas las medidas adoptadas, se repasarán aquí algunas de ellas:

• Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP): este programa aplica tanto para las empresas como para autónomos y monotributistas. Mientras que en el primer caso el Estado asiste a las compañías depositando parte del salario de sus trabajadores (el monto dependerá de la cantidad de empleados, con una lógica progresiva), en el segundo caso se compone de créditos por un monto máximo de 150 mil pesos, a devolver en cuotas sin interés (el Estado hace de garante a través del Fondo de Garantías Argentina (FoGAR)).

• Ingreso Familiar de Emergencia (IFE): transferencia extraordinaria de $10.000 para trabajadores informales, de casas particulares y monotributistas (sociales y de categorías más bajas). Esta ayuda alcanza a más de 8 millones de personas.

Créditos para el pago de sueldos a tasa fija del 24%: el Banco Central de la República Argentina (BCRA) liberó dinero a los bancos comerciales para que ofrezcan a empresas préstamos con una tasa de interés baja (menor a la inflación esperada) para el pago de salarios (aquí también el FoGAR hace de garante).

• Postergación y/o reducción del pago de las contribuciones patronales.

Conclusiones

La crisis del coronavirus encuentra al mercado laboral argentino en un momento de suma fragilidad: al elevado número de trabajadores informales se agrega un deterioro importante en la calidad de los puestos de trabajo registrados, así como una disminución del salario real durante los últimos años.

Dada la importante concentración de la población en el Gran Buenos Aires, es esperable que se vivan situaciones distintas aquí que en el resto del país. Como se ha mencionado, esta región también representa más de la mitad de la PEA de la Argentina, con su correlato en la producción de bienes y servicios.

De esta manera, el área geográfica que posee la mayor actividad económica del país es también el principal foco de contagio del virus. No es esperable entonces un mayor relajamiento de la cuarenta en este territorio, lo que lamentablemente deprimirá aun más la actividad económica.

Si bien el Gobierno Nacional está haciendo un esfuerzo importante para intentar contrarrestar los efectos negativos de la crisis, tampoco se encuentra éste en un momento de holgura económica: la recaudación se deteriora de manera preocupante (a raíz de la recesión), los mercados de capitales internacionales no prestarán dinero a la Argentina hasta que no se resuelva la reestructuración de la deuda externa, y el mercado de capitales nacional es muy pequeño para brindar el financiamiento necesario.

En resumen, la situación actual es sumamente preocupante. El Sector Público debe comenzar a pensar en la nueva normalidad que se avecina ya que, lamentablemente, la sociedad convivirá con el virus por tiempo indeterminado, al menos hasta que se encuentre vacuna o tratamiento.